viernes, 4 de septiembre de 2015

Aclárame el cielo, pequeña.

Mi niña, mi dulce niña del cielo. No sé qué hacer.
Todo parece un desastre momentaneo, casi como un huracan de ceniza, justo en el centro de la perfeción y los platos sucios.
No sé qué hacer, hace un año que te fuiste y mis pocas certezas claman al único dios que conozco y ni por asomo encuentro metáforas para traerte de vuelta.
Me desmiento a mí misma cuando pienso que si estuvieses aquí todo habría sido diferente.
Ojalá hiubieses sido mía desde el principio: ¡te habría querido tanto que las estrellas dejarían de brillar con tu sonrisa!
 Ahora mi cara es un revuelo de preguntas y a veces parece que sólo tocándole empaño tu recuerdo.
No sé como alcanzarle, durante esas noches tan claras, tan llenas de lucidez, cuando se me pierde en los brazos pensando un poco tí. Tan despacito que le cuesta respirar.
Tu padre te quiere tanto... Que no se atreve ni a pensarte y yo no sé que hacer.
Entonces hablo contigo, que sé que estás en algún lugar de las cosmogonías rogandote que se me aclaren las dudas y encuentre algo que decir. El valor suficiente para darle un beso, aunque no tenga derecho a pensar que hubo un trocito de él que se me escapó de las manos sin conocerle.
  Estás allí donde no queda tiempo, aclárame el cielo, pequeña, que se me pasan las nubes y me quedo sin respuestas.
Sin saber qué debo sentir.

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