jueves, 27 de junio de 2019

Arde el Mar


 Arde el mar.
Y un gemido de gaviotas me despierta en las ventanas.

Arde el mar,
y yo parece que arrastro en mis olas un incendio

Arde el mar,
y yo quiero que pare, mirarlo de lejos.
que deje de latirme el corazón en la boca.
la vida pasa y yo la siento tan cerca que asusta.
Se me paran los relojes. Perpleja.

Bajar por las escaleras, contestar lo de siempre.
olvidarme del precipicio, dejar que el tiempo se suceda.
Pero no.
Por que entre tanto y tan de cerca,

Arde el mar.


domingo, 16 de junio de 2019

Mi canción preferida


Mi canción preferida tiene en sus ojos limpios el brillo de un millón de estrellas. 
Y siendo tan leve sólo el aire la alcanza mientras espera el alba la primavera.

Tan alegre, que siempre será el mejor canto a la vida, cuando la escucho serena y paciente mientras hace su magia con mi sonrisa. Tan tímido ese mirar que amedrenta hasta el gris de las aceras.

Sus raíces sólo llegan a dónde llegan sus manos, por eso quien la toca no la olvida y temen que se marche para siempre ¡Cómo si se pudiese comprar una estrella!

Quien duda, existe. y sin embargo tengo la certeza de habrá millones de conciertos y millones  de casualidades e historias que tenga que contarte para poderlas vivir a tu lado. Y sé como sólo se saben las verdades universales, que estarás ahí para verlo.

No importa que tan lejos nos lleve la vida, o con cuantos personajes nos crucemos por el camino. Estarás presente en cada concierto, aunque te oiga desde lejos, desde la otra punta del mundo si es allí donde quieres ser feliz.

Precisamente por eso, eres mi canción preferida.
                                                                                                                                        (A Emi)


 

sábado, 2 de marzo de 2019

I. Cómo empezó esta historia amarilla.


Estoy segura de que me escuchaste.

Por cómo el pánico de tus ojos apareció dos semanas después al fondo de un pasillo congelado por tu presencia y mi perplejidad.

Era una noche cualquiera. Tequila, sonrisas, arena en los zapatos, un vestido negro. Y en medio de toda esa banalidad la lucidez del alcohol se impuso.

Nunca te miré hasta ese día. Me arrepiento.

Tus ojos en los míos, y casi toco el cielo y te prometo que no conocía ese don tan tuyo de contener la expresión y bajar la mirada. Consciente de la sacudida, de la alegría y el arrojo, yo radiante  y tan borracha saludé. Pocas sonrisas más que esas he visto.

“Pues yo a ese de mi clase le daba” - Y lo dije. Como esa bárbara insensible que sé que no soy. Lo suficientemente excéntrico como para llamar tu atención.

Estoy segura de que me escuchaste.

¡Cambiaron tantas cosas aquella noche! Yo cambié. Y quise ser todo eso que era.
Me convertí en esa horrible camisa estampada que sólo podría quedarte bien a tí.
Y me convertí en los nexos que tenemos y que día a día crecen como únicamente crecen las cosas que tienen que ser. Son el jodido fenómeno que me consume.

Mírame. Mírame como nunca te miré hasta ese día. Dame cinco minutos y todo empezará a ser diferente. Déjame entrar.

sábado, 8 de diciembre de 2018

Impronta Oral

Los nuevos derroteros de la lingüística proponen eliminar los desusados términos de codificación/descodificación y restaurarlos por las nomenclaturas de ostensión e intensión -perdón de antemano por el tecnicismo, no es una cuestión personal, resulta que se llaman así-.El caso viene dado por que cuando se aúnan equívocos tanto en la ostensión de significado como en la capacidad de comprender la intensión que pretende imprimir el otro, el asunto se nos vuelve un tanto obtuso, se confunden el tocino con la velocidad y se acaba haciendo el ridículo en la casa del vecino en el mejor de los mundos posibles. Al parecer tengo cruzado el circuito de la ostensión porque juraría que de un tiempo a esta parte no entiendo nada, lo que me convierte, evidentemente en una suerte de raíl vertiginoso, que oscila entre lo aburrido y lo temerario.

Caleidoscopio


Imaginarte es como jugar a las adivinanzas en un caleidoscopio.


Los colores giran, se abrigan y se superponen.
El tono, amarillo, 
desentona la presencia moteada
magnetizada con el sonido de tu voz.

Y en cada nuevo giro, una tempestad me sacude.
la inmediatez ganó la batalla a ciegas de la perspicacia 
y alude, 
a sonetos imantados de ese azul arrebolado 
que tiembla en cada paso que voy dando hacia las sábanas de raso, 

donde te espero
por si acaso.

Giran el mercurio y la arena, 
marioneta de sirenas que quieren varar en tu espalda.
Giran azules, inmanentes, las distancias para verte
con un revés de la suerte si te amenaza el devenir.

Mientras tanto, en cada giro, la luna tiene sentido
porque te espero al abrigo
de una mañana de Abril.



miércoles, 14 de noviembre de 2018

La Luna


Lo invisible.
Trágico, magnético. Y allí estaba.
Apoyó un pié en el suelo y lo supo.
Porque las cosas que no se ven, casi siempre suelen estar.
Latente, como un susurro o un zumbido. Tratar de jugar a ser ciego es inútil cuando la claridad se asoma.

Ella tenía un don y lo sabía. Desde siempre lo supo. A veces las paredes, los tonos, las voces, le contaban secretos que no estaban expuestos a viva voz. Y se concentraba mucho, si trabajaba, los descubría.

Durante un tiempo dudó. Se convenció a sí misma de que eran proyecciones del subconsciente al exterior, que veía lo que quería ver y provocaba su terrible ascenso a los cielos y de nuevo la luz la impactaba contra el suelo. Sin embargo últimamente, de tanto buscar entre las baldosas algo había cambiado. Podía hacer que sucedieran algunas cosas pequeñas, mínimas, que abrían puertas a decisiones, encuentros o pequeñas frases que provocaban un cambio en el exterior.

“¿Cual es nuestra de cambiar el mundo si no más que a través de nuestras proyecciones?”
Desde que se lo preguntó. No había manera de pararlo.

Al fin y al cabo, nuestras huellas son sólo las marcas que van dejando esos pasos a veces tan certeros que vamos dando.

jueves, 30 de agosto de 2018


   En aquella noche tan clara juraría que cambiamos la historia. ¿Recuerdas cuando todo era sencillo? Fumar un rato en la puerta de un bar cualquiera. Un paseo por nuestros lugares comunes, un abrazo y tus ojos transparentes.
  

   Yo no me di cuenta hasta que la noche nos iluminó con su mirada engañosa, lanzó una moneda al aire y según salía la cruz nos descubrimos ahí. Fue entonces cuando desaparecieron todas las cosas de este mundo y del siguiente.También desaparecieron los relojes y los segundos traicioneros hasta que el sol descendió para hundirnos con él.

  Y desde entonces escribirte en cada silencio, que tú tienes la razón que a mí me falta en las ganas que me sobran. Que quiero pasarme la vida sin que entiendas ni una palabra de lo que digo porque hay cosas que no hace falta entender. Que se saben en cada juego de sonrisas.
Estabas ahí. Tú y tus debates de cualquier cosa. Tus amigos y los míos.
Como algo casi mágico y esa historia sobre los árboles que te impiden ver el bosque.

  Y cómo te explico que no quiero nada de tí, que lo único que quiero es que llegue un viernes corriente con tu espalda a lo lejos y tu mirada tranquila. Tu mano sobre mi hombro y entonces todo va bien. Porque las cosas que buscan su curso no necesariante encuentran su camino. Quizás hasta  por eso se precipite su fin.

   Pero cómo te digo que lo que pasa es que no espero nada. No es que esté muerta, ni bloqueada ni risueña, ni enamorada. Tampoco todo a la vez.

  No hacía falta entender nada cuando todo era más fácil.

miércoles, 25 de julio de 2018

Querido Extraño:
Yo no sé quien eres, sólo sé que vives en Maracena, un pueblo de Granada. No sé si eres hombre, o mujer. Igual eres un adolescente, “amante de los animales” a quién unos padres inmisericordes no le enseñaron lo que era responsabilidad.
Quizás una madre o un padre que ha consentido demasiado a sus hijos e imaginó que compraba un juguete, y una vez dejó de serle útil, lo dejó donde ya no pudiera molestar.
Querido Extraño, yo la quería ¿sabes? La miraba jugar distraída, y me hacía sonreír. Sólo conocía lo peor del ser humano y aun así confiaba en mí. Me hacía sentir más jodidamente especial que cualquier persona que haya conocido.
Y tú, tú la condenaste a la soledad, abandonaste a un bebé que apenas se sostenía, la dejaste allí como uno más de los deshechos que cada día consumes. Me has hecho añicos el corazón.
Eres el terrible monstruo del desencanto.
Ella no te odiaba, porque era un ángel y los ángeles no se ocupan de asuntos mundanos.
Pero yo sí que te odio.
Y ojalá sientas mi rencor clavado en el pecho como yo voy a sentir su ausencia.
Lo que no sabes es que dejándola atrás lo has perdido todo, te has perdido conocer a alguien especial que llenaría tu triste universo de más amor del que puedas imaginar.
No sabes lo bello que hubiera sido verla crecer y conocer sus ganas de vivir, reírte de sus enormes orejas y sus traspiés , de sus ganas de comerse el mundo y de llenar el tuyo de alegría. No la has visto saltar como yo la ví, no verás sus ojos de ébano buscándote cuando piensa que te marchas, ni brincar de alegría cuando te vea volver.
Y te deseo un infierno de pena, la tristeza de una habitación vacía.
No te mereces ni un sólo segundo de los que has pasado con ella.

viernes, 13 de julio de 2018

Uno de tus libros se tiene que acordar de mí.


Hacía sol aquella mañana, aunque era primavera se entreveían las motas de polvo por entre los rayos que se filtraban entre los cristales de la biblioteca. Puede que haga un año. Quizá.
Un compañero miraba un libro distraído a la hora fumar:  “El sentimiento trágico en la historia de no-se-qué”. Y yo, tan filósofa, me puse a mirarlo enrarecida.

Un buen rato estuve colándome entre sus páginas. Disfrutando de lo que en potencia podría ir aprendiendo, mirando de soslayo a Raúl y comentando chorradas un rato más. Hora de entrar.

Rato de estudio y de nuevo descanso, y yo con el libro, leyendo de poco a poco su realidad viva pero inerte. Y entre sus páginas densas, sabiendo que tocaría devolverlo en un rato. Siempre me han gustado las frases subrayadas con lápiz y las muescas en las esquinas porque datan la historia de una historia leída, importante. Un buen texto será subrayado o no será. Y mi propio lápiz dio buena cuenta de mi interés.
Así que yo, perdida entre las líneas trabajadas con grafito comente: -Tiene muy buena pinta ¿De qué asignatura es?
Entonces Raúl me miró con esa cara tan suya que yo nunca interpreto, porque a mí me parece que él sabe más cosas de las que sabe. No sé si me explico. -No se, es de Fede.

Lo cerré. Lo devolví. Otra vez la pesadumbre de pasarme la vida  buscando una sonrisa como la tuya, la vida en un instante que debía ser sólo para mí.

Tan así estuvo la cosa que fui a perderte a parís. Que dejé de escribir entre líneas y entre el buscarte sin querer me defendí del auxilio con uñas y dientes y un vocabulario poco útil. Me comí un caramelo de limón y me hice tan mayor que no pude soportarlo.


Resultó que tu libro no era de la biblioteca. Ni de Raúl. Tampoco mío y menos mal que ya se me olvidó el nombre. Esta fue la forma en que una mañana nos volvió a conectar el tiempo, después  de tanto rato evitando tu cara y mis ganas de saludar. Aunque sólo sea por tu sonrisa o aquella noche tan especial que a veces siento que no terminó nunca. ¿Dónde estarás ahora? Porque te imagino perdido en tu infancia de flores secas a pesar de tu incipiente calvicie. Con la de cosas que tienes que enseñarme y la de cosas que tendríamos que hablar. Empezando por tu libro, y esa marca en la página 73.

sábado, 24 de octubre de 2015

¿Podrás tú rectificar las líneas de mis manos?


Cada vez que escucho esa frase me abstraigo en ti, en todos y cada uno de tus símbolos, de tus tótems. Es entonces cuando sé que no quiero perderme ni una sola de tus facetas, ni una.
Porque si de algo estoy segura, aunque no siempre lo demuestre, eres tú, mi imperativo categórico, mi cogito ergo sum.

Es en ese pensarte como la suma de tus errores que también me encandilas, también eclipsas mis dudas y mis temores, entonces quiero quererte cuando tú más te odies, cuanto más quieras morir, más te querré, para que puedas vivir conmigo, solo conmigo si es lo que quieres.
¿Entiendes?
Como una verdad universal que impregne mis mañanas, como el frío en una mañana nublada. El lugar dónde puedas sufrir o reír sin sentirte  culpable. . El sitio donde puedas extrañarla, donde la extrañemos juntos. El lugar donde puedas ser el tú que elijas  ser.
Déjame estar ahí.

Aunque pienses que no lo entiendo y me subestimes queriendo protegerme, aunque creas que no merezco esto, aunque me enfade y llore de impotencia queriendo cambiar lo que sólo puede cambiar una máquina del tiempo.
Quiero estar ahí.

No hasta que se te olvide que estás triste, no para que me muestres lo mejor de ti; sino estar ahí, y comernos el mundo más pronto que tarde. Concédeme eso, y todo terminará bien, no habrá más ventanas, ni platos rotos, ni una mañana triste que amenace con la sombra del fracaso.
¿Confías en mí?

lunes, 5 de octubre de 2015

Menudo caos ese de mirar por la ventana, en esa elipsis donde lo cotidiano se olvida, solo por un instante, y aparece la sospecha, el engaño claro de una posibilidad disonante.
Y bueno, un huracán furioso en el pecho, una epístola tan clara sobre el deseo, sobre nosotros, dónde lo demás no importe. Donde un abrazo se eternizó una noche cualquiera y entonces como una hipótesis recesiva apareciste, sin dejar demasiado encajado el contexto.
 No quiero tiempo ni me faltan ganas, en cada esquina hay alguien huraño que no se enfrentó con la vida a tiempo, que no le ganó la partida al miedo, que fue egoísta y perdió el sabor de la vida. Eso no seré yo.
 Y viviré por encima de las cosas que alguna vez me contaron.
Ven cuando quieras amor. Me quedo sin prisa esperando...

viernes, 17 de julio de 2015

Si me llego a acostumbrar.


Tú, en este mundo tan raro, 
casi como un misterio irresoluble en ese puzle que siempre anheló mi fantasía. 
Tú, el pronombre que me desgarra de dentro a fuera, 
convulso manifiesto desmesurado de tu existencia finita 
perforando uno a uno los poros de mi piel.

 Y es en ese desconcierto de saberte en el mundo 
cuando me pierdo enredada en el miedo 
que juega al escondite con la patología de la fatalidad.
 
Irremediablemente abocada a la estructura de tu sintaxis, 
en síntesis perpleja de tí,
 imantada magistralmente a tu esencia.
Por eso perdona si la casualidad alguna vez me desata.
Disculpa, si me llego a acostumbrar.

sábado, 28 de febrero de 2015

Parte IV La normalidad

“Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente”.
Es curioso cómo se disfraza el mundo de atropellos, cuando a veces, todo es tan sencillo que cuesta imaginarlo de otra forma. Nos besamos, como un hasta luego, espontáneo, sin cautela, como si besarse fuese parte de la rutina en un pasillo inundado de bolsas de basura,  de zapatillas y percheros abarrotados con el devenir de chaquetones desfasados. Como si el gesto fuese lo más sencillo en un ataque nuclear, te acercas, y en tu abrazo, no quedan restos de otra cosa.
Son mis decisiones lo que tengo que sentir, y en un ataque loco de la furia de mi bola de cristal lo supe con certeza, estabas condenado al delirio de sentirte libre a mi lado, al delirio de mis manos en tu ombligo, a no querer marcharte,  a la libertad de mis platos rotos y mis noches en vela.  A mi círculo de andar buscándome entre las madrugadas.
Que digan todo aquello que quieran decir, te he sentido a mi lado cada mañana, he sentido tu discordia y tus desenfrenos. “Te siento temblar junto a mí, como una luna en el agua”.
 Y es mi mano,  quien no acepta consejos,  la que se parte en la parte de tu alma que anda muriéndose de miedo mirando de bruces a la soledad.
Mi mano, jugando en tu ombligo, mi mano en tu mano. Y un beso largo, carente de pánico escénico, en el centro de todo ese plástico resonando extraño, cuando lo que sí que era extrañamente extravagante, era lo otro, aquello que juraba ser todo lo demás.

domingo, 22 de febrero de 2015

Parte v: Instante.


“Te tendré que matar cien veces, yo con mi única vida”.
“¿Por qué no me matas, chiquita?” debí matarte tantas veces como noches, debí cercenar tu cerebro y apabullarte con ideas raras. En nuestro juego, yo formaba parte de una banda de forajidos, y tú  llevabas como un guante el papel de renegado.  Ciertamente, no se me ocurre que pudieras ser otra cosa.
` Chiquita´, qué tontería, lo repetiste esta noche una  y otra vez, con tu naturalidad implícita, me mirabas, mientras caía el rocío de tu sonrisa y yo me sentía a cada vez más y más pequeña.  Y  es en ese definirme que me siento extraña,  como que la normalidad  del gesto me asusta, siempre  me sucede, que contigo el fenómeno de distanciamiento se multiplica, y nada es como podría.  Quisiste contarme algo importante por el camino, pero no te dejó mi total y absurda dispersión. Pero sé cómo te sientes, tiene que ser horrible eso de cambiar de vida a cada paso.
Realmente volviste a por mí, y todas tus miradas me atravesaban, tan cerca en ese ascensor tan pequeño que te ponía nervioso hasta a ti. Es curioso cuando veo cómo no te vas del todo.
Me abrazas, te digo que te peines  y me lo has repetido tantas veces que haces que me lo crea del todo: “Pero vuelvo, chiquita”.
Te espero, idiota.

jueves, 12 de febrero de 2015

Parte III: La realidad.


"Ninguna novedad en esa sed y esa sospecha, pero sí un desconcierto cada vez más grande"
Como el caer de una losa en un jardín de adoquines y sus mil trocitos expandiéndose en infinitas partes de milésimas de agudo. Generando un enorme confusión entre las notas agrietadas que se despliegan despertándome entre las nubes. Amotinándome en el clavo ardiendo de tu boca observo el descaro de tu ropa desperdigada por mi habitación.
Casi parece que se te quita el miedo, solo a veces.
Y cambia la monotonía desdibujada para ser otra cosa que tiene el color de todo lo que empieza, de un enormísimo desconcierto entre mis sábanas sucias.
Todo complicadísimo,  un conjuro que una mano negra alguna vez rozó mi espalda para mirarte en un primer proceso de revelación, convirtiéndose después en el mayor de los extrañamientos posibles, allí donde se escribe, en ese limbo de la duermevela.
Es en ese preciso punto donde creo se requiere, un giro de acontecimientos enfocado hacia lo que será porque ésta no es la forma de dibujar un contorno plausible.
Y eso es lo que hay, un espejismo de buena mañana, sin saber hacia dónde arrancarán mis pasos cuando te hayas ido. Sin saber si volverás a dejarme despertarte en silencio, en el centro de nuestra vorágine enmarañada dónde siempre faltarán epítetos para tu abrazo desaventajado.

domingo, 8 de febrero de 2015

parte II El adiós del aire

Me despedí un poco a mi manera, sin contar demasiado con tu opinión, y saltándome algunos principios básicos del decoro. Me despedí sin ganas contando las galaxias de tu espalda y montando archipiélagos entre tus omóplatos, sin saber, si al volver mi habitación se habría dado la vuelta saltando febrilmente hasta la siguiente hoja de esta historia.
Sin conocer,  ciertamente, si al volver y entonces tú. Tú y tus respuestas vanas, agrietadas con el sabor de una boca extranjera, de una poesía sin terminar y un recuerdo de los que se quedan con ganas.
Sin embargo mañana, mañana y tú, todo mi peso en la recaída, pero ciegamente remando en una patera sin patria ni bandera, un blasón desbordado entre el talento de esa otra autoridad.  tampoco hay  naufragio a la vista en el devenir incurable de las olas y la calentura, solo el mar con su terrible azul clavándose en el frío de tus ojos.

jueves, 5 de febrero de 2015

Todo aire, todo agua.

Te imagino, todo aire, todo agua, como la metamorfosis de una nube magistralmente hermosa, en el centro, en el huracán  de la lluvia que empapa el calor de las noches oscuras.
Quién sabe cuánto de lejos quedará entonces todo lo demás o si algo importará luego.
¿Qué se nos escapa del carpe diem si más tarde todo se repetirá hasta la agonizante súplica de lo cíclico?
Quiero llamar a la cordura y buscar tan solo un argumento que deje de antemano la incesante insensatez de seguir tropezando con el mismo guijarro destartalado.
“Uno no puede elegir la lluvia que le va calar hasta los huesos después de un concierto, comme on pas le choix qui nous reste le coeur". Quizás se trate de una reminiscencia extrañamente marchita dónde tan solo tu nombre me recuerda a otros lugares, a otra época.

Era el conjunto más fascinante de casualidades que nunca conocí poco despierto, despertaba lentamente y mi desvelo juraba que su libertad sería nuestra.
Era un conjunto catastrófico, un secreto a voces de su complicada existencia, y sin embargo apenas si se atrevía a mirarme a los ojos, cuando ensimismado salía lentamente de su mundo para observarme desde lejos como una lluvia suave en medio de una mañana nublada, un par de frases elegidas al azar y cada vez que llegaba todo empezaba a ser diferente, un tinte raro como de posibilidad, se disfrazaba de juego sin azar. Sin demasiado tino, yo trataba de atinar en su encanto pero parecía que nunca terminara de acertar en la diana, solo en parte y muy de vez en cuando. Todo llegará, por descontado, como una conexión extraña entre las partes que se unen. No tanto ya, cargado de extraño misticismo con el que se impregnan mis dudas, sino como una declaración ante la no extrañeza, ante la constatación de un hecho implícito

.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Historias de escaleras.



Las historias de filósofos son siempre historias de escaleras. Peldaños en los que uno, con una pizca de irónico cinísmo y otro poco de lo de más allá va lidiando con sus ascensos y descensos entre el esceptiticismo más febril y la metafísica más convulsa. Y por que, a parte de pensarse subiendo y bajando metafóricas escaleras uno se sienta a liarse un cigarro en ellas día sí y día tambien.

Yo por entonces no sabía nada de todo aquello ni de ninguna otra cosa, estaba echando a suertes mi matrícula en la universidad, lavando mi camisa sucia y, por supuesto, sentandome en las escaleras de debajo de las ventanas. De lejos miraba aquel grupo de " sabemos a lo que venimos" y sin atreverme siquiera a sonreir observaba tu chaqueta de pana, venida a menos, de otros lados y de otra época. Tengo que decir que me pareció, la prenda más fantalubosa y estupéndica de mi nueva realidad..
Demasiado poco a poco -Que no me vean, que por favor no lo entiendan- mi mundo se hizo vuestro, y compartimos más de un cigarro entre las horas muertas y el sol en las barandillas. Y así llegaron la Ontología, el Utilitarismo, y también tu guitarra, y el altar en el que te subí con tus matrículas de honor, tus embelesarme en el desliz de una mano a cada acorde y mi pensar que yo siempre ando por debajo de.
Tu amistad era aquel regalo que me hizo el destino cuando aposté por la filosofía y descubrí el tópico de los bombines a medio lado.
Nunca sonrisas como las de tus conciertos.
Luego se derrumbaron todos mis edificicios y me arranqué aquel sentimentalismo tan mío para tirarlo despues por la taza del water. También quise que tú cayeras y que se acabasen los colores de mis cajas caramelos y las noches con los filólosofos en nuestro piso destartalado.
"Yo no perdono ni olvido".
Sin olvidar salí corriendo para escuchar tus canciones detrás de las puertas, detrás de cada espejo entornado y entonado con tu voz.
Y volvimos a vernos sin saludarnos cada mañana. Y volvimos a encontrarnos en esas noches de cualquiera. Tanto tiempo calló nuestras voz, que cayeron nuestros desencuentros.
Con el instante en los lábios y un par de cervezas de más llegaron en nuestro último año los besos a escondidas en el "Cómo hemos llegado hasta aquí", los susurros de buscarte bajo las sábanas entre las bibliotecas. Ese "hasta mañana" y el no quedarte a dormir porque entonces, ellos, lo sabrían.
Que conste, nunca hablamos de amor.

Y ahora, que has elegido la otra punta del universo para ir a tocar la guitarra, yo extraño los pocos acordes que despertabas en mi ombligo, y me repito, que no, que nunca y menos contigo, y olvido que jamás se habló , y menos de amor, si no de otra cosa, de esa magia de platos rotos y encuentros imposibles.
Ojalá embeleses al mundo con tu música de lugares comunes, y me dejes buscarte un poco más allá de mis recuerdos en los que Granada se quedaba corta entre tus manos.
Descubrirte cada mañana en nuestras escaleras, con tu chaqueta de pana y tus voces del sur.

viernes, 19 de abril de 2013

El aire de tus dedos


Y  aquí estoy otra vez, recordando que el día que conocí al chico de las casualidades lo mismo hacía sol que  de repente llovía, tronaba incluso.
Ahora, hace casi un año aún recuerdo su ingenuidad y sus ganas de enseñarme un mundo  construido a base de barras y estrellas. Un mundo al que yo jamás perteneceré.
Siempre recuerdo cómo se marchó en medio de una mañana nublada. Yo, que para muchas cosas  voy antes de tiempo, también abandoné la estación precipitadamente, con bastante antelación respecto del tren.
Y es que la despedida me resonaba como el caer de una losa, y no pude contener lo que era casi un vaticinio del  diluvio  con el que amenazaba la bruma de esa mañana.

Y siempre que por aquí vuelve a llover recuerdo como cortaban el aire sus dedos y como sentía su cariño en medio de todas mis contradicciones. Y es que veréis, el chico de las casualidades aparece siempre que algo va mal y siempre que abruma la tristeza.  No sé si él lo sabe pero  consigue arrancarme ese llanto que sonríe en medio de mis desvelos. Y es tan dulce su ternura que odio que el amor se me presente como no quiero y entonces casi parece una tortura autoinflingida.
Porque es cierto que podría refugiarme en lo que una vez sentí estando a su lado. Egoístamente inventarme mi castillo y juntar ganas para despegar y partir a conocer la tierra de las oportunidades. Pero no. No puede ser porque  conocí a alguien que nunca está cuando estoy triste y tampoco sabe que provoca la mayoría de mis lágrimas.  Si fuese consciente de ello, seguro que huiría lo más lejos posible hasta alcanzar otros puertos donde desnudarse. Porque a él detesta a los que lloran sin motivos,  Si bien yo tengo los míos, hay una especie de muro que hace que no los comprenda.
Y quizás nunca entienda que le quiero tanto que ni los sueños pueden competir con él.
Por eso es por lo que a veces se me olvida que el chico de las casualidades quiso coincidir conmigo cuando yo, todavía no pasaba por allí.

lunes, 18 de marzo de 2013


Me abstengo de confesar que en más una noche me he desvelado ahogada en el pozo de tus ojos,  empapada en el anhelo de esa media luna que se dibuja en tu boca.
Agobiada por el peso de las sábanas inertes.
Desenfundar el bisturí, sentir como me arde la sangre al diseccionarte, buscar un eje sobre el que rotar todas mis ganas de conocimientos porque hace mucho que dejó de bastarme con solo tu cuerpo.
 Y me hierve la rabia del fundir caramelos cuando te imagino sentado entre los rescoldos que deja mi ausencia en medio de esas huidas a ninguna parte.
¿Dónde se guardan las cosas que no me quieres contar?
será que se las queda tu olvido en el devenir de mis te quieros.

“Te quiero.”
-Pienso-

“Y podría repétirtelo hasta el infinito.
300 veces en un solo día.
 Pero no parece que sea suficiente,
nada más lejos que un tópico
en la degeneración espontánea que sufre mi voz.
 Una alegoría rota, un juego,
 una mentira que se dibuja en el humo que aspiras.
Y puedo vomitarlo, toserlo en tus entrañas
Y después de todo eso ni siquiera supondrá
una pequeña parte de lo que  mueve en mi pecho
al sentirte aquí.
Pero siempre inaccesible.
Tan lejos que mi razón no te alcanza.
Tan cerca que mi corazón se quema
y eres un extraño en mis labios.
Un acertijo por desmontar”

Magistralmente, juego a las adivinanzas con tus sueños mientras me balanceo en la cuerda floja de tus pupilas. En la bruma que te pinta el semblante todo eso que no dices y que a  mí se me hunde en el alma. Y me pierdo entre las escaleras que me invento para alcanzarte o descenderte o que se yo.
 Me saturo de manuales de genética, de explicaciones difusas  y del miedo al silencio.
Me invento mis propio arsenal de pasiones y ni todas las definiciones del mundo serán suficientes para convencerte de que de me digas la verdad.
La certidumbre que se torna difusa, subjetiva.
En el centro, mis manos que esculpen caricias en tu espalda cuajada de distancia cuando te das la vuelta para desandarme.

Y yo, volviéndome loca en el miedo a la locura que se deja entrever en tu imaginación desbocada.  Desocultando tus palabras y jurando que no volverá a suceder,
Buscando resquicios para tocarte el corazón y demostrar que valgo lo suficiente como para que me aceptes como ese alguien especial que quiere esculpir codo con codo tu vida,  buscando ese hueco que te toque el corazón y me pidas que me quede a tu lado.

Y mientras tú, pensándome como  princesa e inquisidora. Una niña que no será capaz de hablarte como una mujer. Que nunca encajará bien el siguiente golpe.

Y nosotros, queriéndonos sin querer un poco más a cada día que pasa. Dándole una lección al mundo cada vez que hacemos el amor y gimiendo como si cada aliento fuese el último. Rompiendo clichés estúpidos sobre parejas, putas y chocolate. Saliendo cada tarde, desafiando a occidente olvidando los pronombres,  perdidos en medio de nuestro naufragio, creando nubes, aferrados a cada rayo de sol que se filtra entre nuestras manos desnudas.