Abres los ojos.
Máxima nºIII: "Para que nazca un hombre hay que destruir un mundo"*
Puede que me acueste con el Punky de primero.
O puede que te reconstruya hasta convertite en ceniza, te envuelva en papeles de fumar y te regale a cualquier mendigo de la calle que esté más necesitado de humo que yo.
Es posible que te cuente que anoche me besaron los lábios de alguien fisico-intelectualmente más atractivo que tú mientras me volvía de piedra recordando tu cara de media luna que nunca sabe a dónde va a mirar, si a las vemtanas de mis cárceles encubiertas o la bruma que se escapa entre tu boca de promesas por cumplir.
Eres el reflejo en el espejo empañado por la ducha de los algodones entre los que te escondes para que pueda dibujarte en mi libreta de la mala suerte y te recuerde a media luz como cada quien no sabe verte.
Mirada perdida y encontrarme de soslayo en el brillo de tus ojos. Ese pedazo del día a día del que se olvida mi consciente y te deja aparecer en el bucle retroactivo de todas las medianoches empeñadas en embalsamarte bajo yugo de mis estrellas.
Eres la mitad de lo que sueño y la mitad de lo que olvido, siempre letra pequeña, notas al pié, asterisco por bandera.
A todos nos han incrustado en la cabeza aquello de ser mejor de lo que se es, mejor incluso que uno mismo.
Te regalaré una cuerda o un balcón para que puedas colgarte y ya nada importe, ahorcado desde la soga de mi portal desatarás los grilletes con los que nunca me encanaste y entonces serás lo que sea, lo que quieras ser, con la seguridad de que no será ahora, ni aquí, ni conmigo.
1* Herman Hesse
sábado, 16 de octubre de 2010
sábado, 2 de octubre de 2010
Mi cama, mi credo.
Nada que se asemeje a ese amago de agonía que son tus medio poemas y que tiendes a desrimar.
Nigun gemido orgásmico para tus palabras, mal escritas, malversadas pero sobre y por encima de todo, mal folladas.
No vas a ser la luz de ningún universo armónico que roze el buen gusto entre vómitos de elegancia y buena voluntad.
No encuentro lugares para alcanzarte, o descenderte, o que se yo.
Pobre intelecto que me persigue hasta la locura de tu lábios y marca el reloj sesenta segundos para joderte la analogía y follarte hasta aniquilar y someter tu alma que me atormenta.
Que veas las llamas en mi ojos y desees como nunca has deseado ese no haber nacido tan propio, tan mediocre, y en definitiva tan humano.
Que se caiga tu montaña de cristal y el miedo de tus ojos te condene a toda la ausencia que llevas dentro y que a mi se me hunde en el pecho y entonces ni toda tu ingenuidad es suficiente para cualesquiera de las cosas que no me dejan pensarte, porque como siempre el sentir que sí, que quizás y que ¡Oh! despues, siempre después puede que te desencuentre en uno de tantos antros de media noche y entre el olor de la ginebra tu cara, sea más que nunca tu cara de dulce narcisismo fingido que no posee nada más que el estúpido ego de sí mismo.
Y siendo tu cara, tan de tí que tú mismo, me conmueven los demonios y pienso que nunca serás como escribes, serás toda esa mierda perfumada de retórica que siempre me acaba salpicando y embaucando para que vuelva a morir en tu abrazo de miedo y discordia.
Nigun gemido orgásmico para tus palabras, mal escritas, malversadas pero sobre y por encima de todo, mal folladas.
No vas a ser la luz de ningún universo armónico que roze el buen gusto entre vómitos de elegancia y buena voluntad.
No encuentro lugares para alcanzarte, o descenderte, o que se yo.
Pobre intelecto que me persigue hasta la locura de tu lábios y marca el reloj sesenta segundos para joderte la analogía y follarte hasta aniquilar y someter tu alma que me atormenta.
Que veas las llamas en mi ojos y desees como nunca has deseado ese no haber nacido tan propio, tan mediocre, y en definitiva tan humano.
Que se caiga tu montaña de cristal y el miedo de tus ojos te condene a toda la ausencia que llevas dentro y que a mi se me hunde en el pecho y entonces ni toda tu ingenuidad es suficiente para cualesquiera de las cosas que no me dejan pensarte, porque como siempre el sentir que sí, que quizás y que ¡Oh! despues, siempre después puede que te desencuentre en uno de tantos antros de media noche y entre el olor de la ginebra tu cara, sea más que nunca tu cara de dulce narcisismo fingido que no posee nada más que el estúpido ego de sí mismo.
Y siendo tu cara, tan de tí que tú mismo, me conmueven los demonios y pienso que nunca serás como escribes, serás toda esa mierda perfumada de retórica que siempre me acaba salpicando y embaucando para que vuelva a morir en tu abrazo de miedo y discordia.
lunes, 27 de septiembre de 2010
Escondrijo o sudadera.
Acabas de llegar y lo de siempre. O lo de nunca, según se mire.
Ilusión en la mochila y pasos poco firmes al andar. La brújula de mis ojos ha perdido el norte y se desquicia con anomalías de la última noche del verano, un toque distinto de color, más verde como te pinto, más melancolía.
Nada que se haye más lejos que la antesala, despertar cinco minutos antes de la hora prevista y saber que uno puede volverse a dormir a pesar de los pocos, casi nímios,segundos de cama.
Cuando el otoño se acerque me aferraré a las palabras que empezaban a sobrar y que nunca nos dijimos porque ahora sé que si algo ha de permanecer, tendrán que ser las palabras aunque no sean las dichas en voz alta con voz de plata quebrada y corazón de tinta descosida. Así acaben siendo recuerdos impresos en este papel, Así sea nostalgia de mis noches contigo.
Que raras son las costumbres en las que uno no se acostumbra ni siquiera, a estar acostumbrado, que distantes los finales inconclusos que tienden a lo cíclico y congruente que puede convertirse en casi cualquier cosa, un orgasmo a medias y despertar a las ocho, clareando la mañana mientras los primeros rayos de luz se clavan -espadas- sobre la cama para empezar a descubrirte, risas y desearme suerte para no echarte de menos, ni reescribirte,ni términos medios contigo, ni muñecas bienvestidas.
El final se me planta en las narices, gira el picaporte y por arte de magia nada queda ya de la antesala, estoy fuera, embarrado hasta las rodillas y sí, se acabó, caput, hasta la próxima.
Repaso mis lecciones y la media luz enciende mi metáfora e ilumina mis sentidos, no existen los finales, solo principios, sin tu voz de medianoce, sin tus cadenas de bronce, sin tu arrojarme a la cama y silenciarme los gemidos cortando mis labios, con y sin todo eso, contigo o sin ti, solo se tratará de uno de tantos comienzos, el mío o el nuestro, pero siempre
comienzo al fin y al cabo.
Ilusión en la mochila y pasos poco firmes al andar. La brújula de mis ojos ha perdido el norte y se desquicia con anomalías de la última noche del verano, un toque distinto de color, más verde como te pinto, más melancolía.
Nada que se haye más lejos que la antesala, despertar cinco minutos antes de la hora prevista y saber que uno puede volverse a dormir a pesar de los pocos, casi nímios,segundos de cama.
Cuando el otoño se acerque me aferraré a las palabras que empezaban a sobrar y que nunca nos dijimos porque ahora sé que si algo ha de permanecer, tendrán que ser las palabras aunque no sean las dichas en voz alta con voz de plata quebrada y corazón de tinta descosida. Así acaben siendo recuerdos impresos en este papel, Así sea nostalgia de mis noches contigo.
Que raras son las costumbres en las que uno no se acostumbra ni siquiera, a estar acostumbrado, que distantes los finales inconclusos que tienden a lo cíclico y congruente que puede convertirse en casi cualquier cosa, un orgasmo a medias y despertar a las ocho, clareando la mañana mientras los primeros rayos de luz se clavan -espadas- sobre la cama para empezar a descubrirte, risas y desearme suerte para no echarte de menos, ni reescribirte,ni términos medios contigo, ni muñecas bienvestidas.
El final se me planta en las narices, gira el picaporte y por arte de magia nada queda ya de la antesala, estoy fuera, embarrado hasta las rodillas y sí, se acabó, caput, hasta la próxima.
Repaso mis lecciones y la media luz enciende mi metáfora e ilumina mis sentidos, no existen los finales, solo principios, sin tu voz de medianoce, sin tus cadenas de bronce, sin tu arrojarme a la cama y silenciarme los gemidos cortando mis labios, con y sin todo eso, contigo o sin ti, solo se tratará de uno de tantos comienzos, el mío o el nuestro, pero siempre
comienzo al fin y al cabo.
No se para qué gira el mundo
Cuando uno mismo se piensa, no puede sino pensar que se está malpensando, cuando de mucho pensar apaercen las carencias y por carecer carece hasta de sentido, nada gira y hace bastante que la vida dejó de ser tren o laberinto. No hay railes con destino de futuro, y el presente solo cuenta con los dedos, unica herramienta de mis manos desquiciadas.
Al unísono, los saberes que imagino vienen preñados de nadas, de ese eterno para qué
que todo lo acaba jodiendo.
El conocimiento es puñal que atreviesa mi pecho, y que por mucha antropología y eccéteras no eleva mi espiritu por encima de ninguna de las esencias que concibo. Que ni trascendentalidad ni retórica ni mierdas sin un euro en el bolsillo.
-Gracias Nietszche-
Envidio con codicia al mediocre que se engalana con cultura del vecino, al que vive sin el sueño de parís y cruza los dedos en el ensueño del coche nuevo, el refugio en las pasiones, clavo ardiendo, vía de escape.
Pensando como uno mismo piensa -repito- aparecen sinsentidos, las pasiones nos alejan de la miseria y suerte de aquel que solo se instruye en amor, en el miedo al rechazo, a la muerte, o no sepa hacer otra cosa que extrañar Barcelona.
Cuando se sabe, cuando se empieza a saber, es inevitable darse cuenta del errado refugio que supone lo efímero de una efímera pasión.
Y es que cuando se piensa, solo se puede acabar malpensando.
Al unísono, los saberes que imagino vienen preñados de nadas, de ese eterno para qué
que todo lo acaba jodiendo.
El conocimiento es puñal que atreviesa mi pecho, y que por mucha antropología y eccéteras no eleva mi espiritu por encima de ninguna de las esencias que concibo. Que ni trascendentalidad ni retórica ni mierdas sin un euro en el bolsillo.
-Gracias Nietszche-
Envidio con codicia al mediocre que se engalana con cultura del vecino, al que vive sin el sueño de parís y cruza los dedos en el ensueño del coche nuevo, el refugio en las pasiones, clavo ardiendo, vía de escape.
Pensando como uno mismo piensa -repito- aparecen sinsentidos, las pasiones nos alejan de la miseria y suerte de aquel que solo se instruye en amor, en el miedo al rechazo, a la muerte, o no sepa hacer otra cosa que extrañar Barcelona.
Cuando se sabe, cuando se empieza a saber, es inevitable darse cuenta del errado refugio que supone lo efímero de una efímera pasión.
Y es que cuando se piensa, solo se puede acabar malpensando.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Las letras que se dan entre folios blancos.
Hablemos de líneas y de letras; de momentos amargos, enfáticos o fingidos que ascienden y descienden en folios blancos, curvas desenfrenadas y tildes que no se escriben.
De títulos que nunca serán títulos porque andarán surcando los laberintos pragmáticos de las más mundanas mentes encendidas de contrariedad.
Hablemos de esa anti-literatura que se da en cuadernos que no tienen ni líneas ni cuadros.
La estética que para mí no supo ser más que caos de lunáticas florituras, caos malversado que se enreversa en versos que nunca riman, al fin y al cabo.
Marcas de hojas dobladas y códigos morse escritos a lápiz que ningún erudito se atrevería a accionar,eterno ese miedo a lo profano, mientras mancha sus productivas manos de carboncillo.
Demosle la bienvenida las páginas plagadas de cuadrículas ficticias y estandarizadas pero seguras, siendo la seguridad la moneda de cambio para la felicidad que se vende en esos libros tan estéticos que sí se compran, que para altruismo ya están las frases quinceañeras de cualquier baño público que nos culturizan a todos con la mejor poesía becqueriana.
mientras, mira al cielo o en su defecto, al techo blanco plagado de mugre que te cubre y respira sin olvidarte de inspirar.
Despacito y buena letra.
De títulos que nunca serán títulos porque andarán surcando los laberintos pragmáticos de las más mundanas mentes encendidas de contrariedad.
Hablemos de esa anti-literatura que se da en cuadernos que no tienen ni líneas ni cuadros.
La estética que para mí no supo ser más que caos de lunáticas florituras, caos malversado que se enreversa en versos que nunca riman, al fin y al cabo.
Marcas de hojas dobladas y códigos morse escritos a lápiz que ningún erudito se atrevería a accionar,eterno ese miedo a lo profano, mientras mancha sus productivas manos de carboncillo.
Demosle la bienvenida las páginas plagadas de cuadrículas ficticias y estandarizadas pero seguras, siendo la seguridad la moneda de cambio para la felicidad que se vende en esos libros tan estéticos que sí se compran, que para altruismo ya están las frases quinceañeras de cualquier baño público que nos culturizan a todos con la mejor poesía becqueriana.
mientras, mira al cielo o en su defecto, al techo blanco plagado de mugre que te cubre y respira sin olvidarte de inspirar.
Despacito y buena letra.
lunes, 13 de septiembre de 2010
El descenso.
Dime que has vuelto para que no tenga que volver a pensarte, para que pueda hacer de tí un tachón en mi lista de cosas pendientes.
Yo, la de las marionetas,elegí enterrar esa caricatura de tí mismo allí donde no pudiese siquiera adivinarte. Donde las señales y tu nombre jamás frenansen mi incesasante marcha a un centro en el que encontrar el sol, conocimiento y un sendero que pueda elegir.
¡Tú! Recalcitrante y fingido narcisista, me pertubas enviando anzuelos desde tu ataud, tan ficticiamente seguro, que de tu ingenuidad nace la certera intuición de mi pobre facultad para sentirte.
Enséñame como solo tu puedes, prescindiendo de escondites nihilistas que no aspiran a cubrir más que el eco de tu sombra, la manera más certera de cortar las cadenas que te atan a la grieta por la que una noche de verano te dejé caer.
Descubreme razones por las que quiera manejar tus hilos a mi antojo y no te condene al infierno
¿Qué derecho divino es ese que crees poseer para cuestionar mi criterio, para elucubrar sobre mis decisiones o antojos?
¿Dónde está la indiferecia con la que vestías tu risa de antaño?
No quiero de tí nada mío.
Jura, alza la voz que me sojuzga y grita, que si vuelves, será para quedarte, y que marcharás con la pretensión de volver, entonces yo, me quedaré contigo, aunque sea entre las sombras.
Yo, la de las marionetas,elegí enterrar esa caricatura de tí mismo allí donde no pudiese siquiera adivinarte. Donde las señales y tu nombre jamás frenansen mi incesasante marcha a un centro en el que encontrar el sol, conocimiento y un sendero que pueda elegir.
¡Tú! Recalcitrante y fingido narcisista, me pertubas enviando anzuelos desde tu ataud, tan ficticiamente seguro, que de tu ingenuidad nace la certera intuición de mi pobre facultad para sentirte.
Enséñame como solo tu puedes, prescindiendo de escondites nihilistas que no aspiran a cubrir más que el eco de tu sombra, la manera más certera de cortar las cadenas que te atan a la grieta por la que una noche de verano te dejé caer.
Descubreme razones por las que quiera manejar tus hilos a mi antojo y no te condene al infierno
¿Qué derecho divino es ese que crees poseer para cuestionar mi criterio, para elucubrar sobre mis decisiones o antojos?
¿Dónde está la indiferecia con la que vestías tu risa de antaño?
No quiero de tí nada mío.
Jura, alza la voz que me sojuzga y grita, que si vuelves, será para quedarte, y que marcharás con la pretensión de volver, entonces yo, me quedaré contigo, aunque sea entre las sombras.
jueves, 2 de septiembre de 2010
La Ciudad.
La ciudad me engullía, pero no de esa forma, su ritmo no se asemejaba en absoluto a cualesquiera de las cosas que pudiesen guardar cierto parecido con Manhatam.
Esta vez no.
Me hablaba desde cada esquina, desde cada boca de incendios, me dejaba absorber con los adoquines pisoteados que gemían pidiendo condescendencia.
La ciudad, con su efluvio pausado y abstracto venía a despojarme de mi dignidad y de los pocos años de juventud que aún me quedaban.
Solos entre el murmullo de algo que tenía que ver con la vida, ella y yo. Atrás quedaba el eco de mis pasos y ante mí, un parque adormecido llamaba con boca de bestia.
Entré.
Las caras de estos y aquellos me miraban taciturnos y con un punto de extrañeza en sus ademanes.Todas aquellas caras, todas aquellas soledades, me las imaginaba yo, excéntricas a su modo.
Me fuí, salí de aquel maremoto de césped y naturaleza artificial, para no verme, para no imaginarme siquiera, tan excéntrica como ellos.
El entramado de calles, envoltorios y chicle con sabor a acera entrecruzada me guió hasta el café de turno.
Evidentemente café hasta que los libros pegados, esos que nada tenían ya que enseñar, recluidos en la cárcel de sus estanterías, me hicieron vomitar.
Allí se quedó el café.
Un cigarrillo tras otro, con la complicidad del humo y el papel quemado llegué, siempre en un loco empeño, guiado por ella,hasta la iglesia. Caras tristes, y lágrimas pintadas me sonreían desde los cuadros torcidos de las paredes.
Esta es mi religión, victimismo y cuadros torcidos.
Supe que a los ancianos encojidos en sus asientos no les gustó mi llegada, espero que sí a Dios, No fuí bien recibida, y como a Dios no le vi, me marché por donde había venido.
Esta vez no.
Me hablaba desde cada esquina, desde cada boca de incendios, me dejaba absorber con los adoquines pisoteados que gemían pidiendo condescendencia.
La ciudad, con su efluvio pausado y abstracto venía a despojarme de mi dignidad y de los pocos años de juventud que aún me quedaban.
Solos entre el murmullo de algo que tenía que ver con la vida, ella y yo. Atrás quedaba el eco de mis pasos y ante mí, un parque adormecido llamaba con boca de bestia.
Entré.
Las caras de estos y aquellos me miraban taciturnos y con un punto de extrañeza en sus ademanes.Todas aquellas caras, todas aquellas soledades, me las imaginaba yo, excéntricas a su modo.
Me fuí, salí de aquel maremoto de césped y naturaleza artificial, para no verme, para no imaginarme siquiera, tan excéntrica como ellos.
El entramado de calles, envoltorios y chicle con sabor a acera entrecruzada me guió hasta el café de turno.
Evidentemente café hasta que los libros pegados, esos que nada tenían ya que enseñar, recluidos en la cárcel de sus estanterías, me hicieron vomitar.
Allí se quedó el café.
Un cigarrillo tras otro, con la complicidad del humo y el papel quemado llegué, siempre en un loco empeño, guiado por ella,hasta la iglesia. Caras tristes, y lágrimas pintadas me sonreían desde los cuadros torcidos de las paredes.
Esta es mi religión, victimismo y cuadros torcidos.
Supe que a los ancianos encojidos en sus asientos no les gustó mi llegada, espero que sí a Dios, No fuí bien recibida, y como a Dios no le vi, me marché por donde había venido.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)