domingo, 30 de septiembre de 2012

La osadía del miedo


He tenido el infierno a mi lado
y su suspiro de hielos aún gotea en la bañera.
La he ido llenando de sal para que todos creyeran
que era de lágrimas.
Y he dejado reposar la mentira como si fuese un naufragio,
como un dolor que al menos yo podría controlar.
No es casual que el triste de una mirada
reluzca como el olvido
y es absurdo intentar justificar el deseo
en recaídas.
Todos, siempre, tenemos más miedo de los daños
que ilusión por la vida.
Y lo entiendo.
Pero he limpiado la ceniza
y he abierto las ventanas y cerrado el sumidero
y he comprado bombillas, libros, hachís
y cerveza.
Y he añadido nuevas canciones al playlist.
Verme a mí mismo sonreír
como una puta revolución, pero por dentro,
y a mi lado el deseo y su ramo de dudas entre los gusanos
por si los muertos no asustan.
no sé si me entiendes, pero yo sí.
A veces me cuesta tanto explicarme.
Y ahora parecemos incómodos en nuestras canoas,
como si se nos mojaran los pies
o no quisiéramos seguir remando.
Como si quisiéramos estirar un poco las piernas.
He tenido que separar sentimientos, diferenciarlos,
darles una estructura, concederles el derecho a réplica
y dictar una sentencia con fórmula de pregunta,
de callejón sin salida,
de gol sin red.
Es decir: he tenido que enhebrar el desorden
en que sobrevivo
juzgando a cada miedo por su osadía.
Y sonrío, al fin
sonrío.
Tranquilo como un charco que ya nadie pisa
y todos bordean.
Pero hirviendo por dentro, como si pudiera evaporarme
con solo escribirlo.
Me voy a desnudar y a meterme en la cama.
La puerta está cerrada, pero dejo la ventana abierta.
Solo tú podrías entrar.
Hay cerveza en la nevera, hachís encima de la mesilla
y poesías por todas partes.
Tespero soñando.
No me despiertes si no es para follarme.
Un beso.
O mejor varios.

jueves, 23 de agosto de 2012

Arraigados a la tierra


“Y nos quedamos con el mar, con el océano azul que te envuelve en su nube de canela y hierbabuena, arraigados a la tierra en el centro del huracán de nuestras propias vidas”.

El proceso de deshumanización del primer mundo fue una cosa sencilla, como una concatenación de causas-efecto, la imagen del león hambriento y las barrigas hinchadas de los niños en desierto del Sahara. Una vacuna de sucesiones fotográficas contra el dolor ajeno bajo el filtro de la caja tonta, en primera o tercera persona. Todo comenzó con la gacela moribunda y débil, la historia de la cadena alimenticia, los fuertes luchando por su pedazo de carne  entre las áridas tierras de la sabana.  después sobrevino la muerte del débil   de acorde con las leyes del ciclo de la vida que nos incitan  a conformarnos con ese bucle de analogías incorrectas. Creer que al atribuirnos la medalla de la superación forjada con el oro de  la sangre de los otros estamos alterando a nuestro antojo el orden natural de las cosas que creímos aprender.

 ¿Cuáles son los elementos intrínsecamente humanos?
 Demos entonces con crédula inocencia, un paseo hasta la mente Scheler y las brillantes conclusiones de los neurobiólogos más expertos,  y entonces nos habremos desviado una vez más de la cuestión que nos atañe, Porque señores, el ser humano se ha perdido a sí mismo entre teorías absolutistas y el relativismo cultural, se pierde en términos más grandes que él y buscando vida en otros planetas, una vida, que posiblemente, resulte más fascinante si nos atrevemos a enfrentarnos a la miseria del vecino.
Nos pierde la soberbia ante el descubrimiento de un alienígena de siete patas, y andamos entretenidos buscando en el cielo aquello que deberíamos contemplar en el espejo del mar adoquinado de especies en peligro de extinción.
 Nos pierde la soberbia al creernos especiales e irremplazables.
Hemos dejado de ser conmovidos mientras luchábamos por conmover.
Hemos dejado de llorar, de empuñar armas y de cegarnos ante la más efímera de las pasiones.
 Nos hemos olvidado de peguntar y de sentir.  Hemos  cercenado la humanidad, el espíritu, y con él, poco a poco, irán cayendo la imaginación, la ideación y las artes.

 Nietzsche se equivocaba.
 Es el hombre quien ha muerto, y con él ha arrastrado a Dios a la tumba.

lunes, 11 de junio de 2012

Castillos en el aire.

Ahora y al punto, casi nunca te imagino y cuando lo hago jamás te hago viniendo de vuelta. De vuelta es cuando por muy poco me atrevo a mirar hacia atrás. Y cómo no iba a suceder si la inocencia no entendía de desaires, quedaban mundos por corromper, y lo único que supimos fingir fueron las dudas.
Dos de febrero, cuatro quizá, quién sabe donde se guarda el tiempo en un recuerdo, a dos de febrero o cuatro quizá, construimos juntos un castillo de nubes y teclas, lo que hoy hubiese sido un disparate entonces lo creí, y creí tanto y tan bien que se hizo real y me mudé a aquel castillo en el aire.
"Hagamosle unos cimientos fuertes". Y me lo volví a creer, y resultaron tan fuertes que aún hoy, despistada miro al suelo y veo el hueco de hormigón que los forman.
 Nunca hubo dolor, ni miedo, ni rabia, porque sé que en tu mano sigue parte de la llave que me desnuda, y a pesar de que nunca me dibujaste alas para cambiar la historia, yo volvería a ser una niña en tus manos. Dejaría que me contases por enésima vez como es cruzar media europa para pintar una playa en mi ombligo, que yo sabía sin saber porque me armé de valor para mirar las dos caras de la luna.
 No naufragaremos en una isla desierta, corazón.
 Desde que me hice adulta olvidé todo lo que aprendí sobre arquitectura coincidiendo curiosamente con la desparición de mis faltas de ortografía, ahora las tildes están en el lugar que les corresponde y por ende, también los castillos. Así tu lugar en el mundo seguirá siendo tan impreciso como el mío pero con diferencias tangibles: he perdido el número, la pista y mi despiste, las ganas de los besos que no me has dado, y los planos de un palacio indestrucctible que nunca se construyó. Inamovible por todas esas veces que hemos viajado hasta allí sin dar un solo paso, y ahora resulta tan difícil obviar lo que pudo haber sido que sin quererlo me encierro en la torre más alta y por más que carezca de sentido no veo la hora en que se abra la puerta.
 No, definitivamente, no naufragaremos en una isla desierta, aunque de una forma u otra terminemos embaucados, buscando a tientas, nuestros cuerpos sobre la arena.
 09-07-2011

miércoles, 28 de marzo de 2012

A través de tí

“Y dirás con razón, corazón, que qué pintas tú en todo esto, que poco tienes que ver con esta vida marcada por encuentros imposibles, vacía de despedidas y sellada con los Porqués y los Cuándos cuando estos, son solo aquello de las flores pasadas de primaveras.”

Ci vediamo, piccolo.
Y gracias por venir, lo lento de la sonrisa, y por la obviedad de tu nombre, que se me aparece reflejado con melancólico tono acusador y me cuenta, despacio y al oído, que un poco más lejos de mi frontera aún quedan cosas por sentir.
Gracias por no estar aquí cuando me vaya, una suerte que te marches y en tu marcha, no sea yo la que se manche con lo que hubiese podido ser si yo no estuviese pasada de rosca y corta de desilusión.
Y es quizás cuando me miras que ves sin saber , ese juego de mis luces y mis sombras salpicados del color de tus cosquillas y lo ebrio del vino mientras se prevé algo especial.
Entonces sonríes y no sé como lo has hecho, con otro idioma, mis mil barreras y mis sueños de despedidas, pero sin embargo, aunque mis labios sepan a alcohol y a aire viciado por la realidad, me ahogo en tu transparencia y de una vez por todas casi sin querer me veo a través de tí.
Y ya no es que me encante siendo una encantadora de serpientes, ni filósofa de pacotilla, ni el perro verde de una manada de ovejas negras. Nada sabías tú de todo aquello, pero luego yo, reflejada en el brillo de tus ojos (Plus bleu que le bleu de tes yeux) espontánea y tan a veces callada, con tu sonrisa en la mía, porque no solo me has visto sin decirte nada sino que además, me has enseñado, lo que se puede llegar a ver.

Ci vediamo, piccolo.

sábado, 10 de marzo de 2012

Place du Vêdome.

El caso es que puede ser que me la resbale.
Aquella tarde, cuando el fuego, se veía desde la plaza de Notre Damme como el humo iba ascendiendo a la altura del Louvre, y mientras la gente miraba a lo lejos, en aquella dirección, alguien comentó algo sobre las joyerías colindantes a la Place du Vendôme.
Yo hubiese apostado por una posible tormenta si no fuese por que el olor a cenizas, discordia y pánico colectivo empapaba el ambiente con eso del contagio y la empatía.
Dije que estuve allí, pero realmente no estaba, es decir, sabía lo del humo, pero no era capaz de verlo.
Más tarde pensé que quizás un neo-cesar con aires de pirómano, había acabado tan hasta las narices del pasotismo ilustrado y de los valores tan teóricos y poco prácticos del existencialismo, que había terminado por derramar una tonelada de gasolina sobre el Ritz para enviar al traste toda suerte burguesía consumista.
Pero no – Siempre tan mediocre la realidad- el caso venía dado por no-se-qué escape en el motor de un coche aparcado en un parking de tres al cuarto en los alrededores de la plaza. Nada grave más allá de las tropecientas sirenas y los quince millones de coches de policías.
De la misma forma que dije que estuve, ahora me tengo que retractar, puede ser que estuviesen las huellas de mis zapatos o alguna pintada distraída con mi nombre en uno de esos bancos de madera pero lo cierto es que en aquel momento era incapaz de ver nada. Y si no veía nada era porque yo, ya llevaba el incendio dentro.
Como tantas otras veces, pero nunca de la misma forma, ardía con sumo gusto mirando los rosetones de las iglesias y barajando las mismas hipótesis una, y otra, y otra vez.
“No dejes que no me importe” me repetía mientras el Parking de la plaza. Dame diez minutos que pueda arreglar el mundo desde mi rincón de la cama y entonces…
Entonces mi incendio será nuestro y podremos ver que sucede cuando se renace de entre los rescoldos.
Dame solo diez minutos.
No dejes que no me importe,
y déjame ver qué pasa.

jueves, 8 de marzo de 2012

Sobre definiciones

Según la R.A.E:
Sentimiento: Estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.


Me aferro constante a las definiciones
embaucada en la seguridad de un análisis certero,
Y me anclo al límite del mundo,
A creer en la lógica conclusa,
que me da las buenas noches
al pensar en todas las hipótesis que desconozco.
Concreción que me amenaza en el castillo sin sueño
que es la cárcel,
de promesas por cumplir.

Y quizás, todavía,
escondido entre las letras,
lunático y poderoso,
flote a ratos, gritando en sueños,
entre amenazas y huidas,
Que le salves, que no se hunda:
el sentimiento.

sábado, 3 de marzo de 2012

Si me vieses ahora.

Si pudieses verme, si me vieses ahora, ¿Qué dirías?
Si ese sí, ya dejase a un lado su condición de condicional y yo no me hubiese saltado tus condiciones caprichosas de un mal rato llevado a menos, en esa caja de Pandora que siempre fue tu madurez, tan extraña como femenina.
Dirías que llevo un jersey demasiado grande y que finjo todo eso de la ensoñación y las nubes de colores.
Pensarás que mis amigos son raros, que de dónde saqué un lugar para otro alguien de los de verdad , y sobre todo yo, porque yo nunca.
Pasearías cerca de mí, con esas pinceladas de entre almohada, perspicacia y tu toque casi imperceptible de histrionismo. Quizás me dieses la mano.
Y claro, por qué tan lejos, en ese centro del huracán de mi propia Patagonia, buscándome nuevas manías y deshaciéndome de mis marañas para rencontrarme en ese otro que es a la vez tan de dentro y de tan fuera. Verás que son demasiadas las respuestas para unos vaqueros tan desgastados, pero qué le vamos a hacer, si solo me hace responderte a ti, a ti que ya no sabes preguntar y no piensas que quizás un día de estos, de tantos, entre mis tan lejos,cumpla los 23, deje de ser aquello que te dí a conocer y se me ocurra preguntarme qué sería de esa niña que se me quedó en los 16 y luego, llegó con los 20 explosivos, llena de sabiduría y desengaño.
Preguntarás, seguro que preguntarás, que porqué no me he puesto antes a recordarte, pensándote entre las baldosas de un tango tardío y buscando te quieros en las luces de neón tras las esquinas.
Y si no me ha dado antes por imaginarte es por que me he vuelto loca buscando entre mis soledades nuevas canciones, nuevos acordes de otoño para dejar atrás la vorágine de ese invierno tan raro que vivimos en medio de nuestros desencuentros. “ Me estoy buscando un poco" te diré , para poder desencontrarme más adelante, nada de centros que puedan cercarme, para luego encontrar ese espacio que me ancle un poco a la tierra y volar más alto aún si cabe.
Por eso no te he pensado a pesar de mis preguntas.
¿Dónde has escondido tus cuentos? ¿Entre qué líneas se han perdido tus frases para que no pueda verte ni en las pocas veces que vuelvo a tener 14 años a tu lado?
Lo cierto es que ya no quiero buscarte, aunque me gustaría saber, y caminar contigo de vez en cuando para que me cuentes que sería lo que ves cuando me miras si me mirases ahora.