Tú, alma que puebla aquel mundo finito que percibe mi consciencia lasciva y recalcitrante.
Tú, Febrero de otoño, arcoiris opaco, que más que vivir malvive, más que genética, geriatrico.
Geriátrico por el olvido, memoria del devenir,
de obviar la insulsa esencia que atrás van dejando tus pasos desnudos en las hojas del mediodía.
Insulsa por la atracción de contrarios y los desconchados de la pared.
Manchado queda el mundo con tu rutina desafiante, con tu aburrimiento perfumado.
Sucia la risa, embarrado el cimiento, desintoxicado de alcohol, de palabras, de celos, de ira, de nada.
¿Qué clase de paz anelas que ni en el exilio puedo alcancarte?
¿ En que clase de irrelevancia, de ignorancia se refugia aquello que estás buscando?
Siempre te quedará lo demás,
lo demás,
lo de menos.
¿Qué harás?
¿Qué harás, entonces cuando la mancha se extienda hacia el ártico, sea tu cerebro un borrón y ella todo tizne, sacralizado y sacrílego?
-manifiestamente presente, manifiestamente manchada-
¡Aprende necio! que así es como se entierra a los muertos,
bien abajo, bien al fondo, que la misma pereza de grava y musgo juegue con la idea para no desenterrarlos jamás.
Que sea el mismo necio, cadaver ya,
quien se remueva en la tumba hasta la fortaleza de la superficie.
Así calando el rocío, el frío en los huesos y el miedo en las entrañas,
Para sentirse, irremediablemente, inevitablemente, irreductiblemente solo.
Así es como se entierra un muerto.
jueves, 17 de febrero de 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
El subsuelo
Del baúl de la emoción contenida:
- Se refugiará constantemente en el regazo de Lucrecia y en la sabiduría que se esconde tras toda alma de niño mientras abraza las tapas gastadas de un libro que cree la hará renacer.
"Proyectas luz, Lau, mas te valdría aprender a mirarte en un espejo de vez en cuando."
"Y Si bien no aspiras vivir, y crees encontrar una respuesta en la muerte, estás mas viva que todos ellos, que se niegan a ver la luz por miedo a que les acabe cegando"-
"La historia de Laura y Gabriel"
Fragmento:
¿Qué es mejor? ¿Una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado? Venga,¿qué es mejor? (...)
Porque todos nosotros, más o menos hemos perdido la costumbre de la vida, hasta tal punto que a veces sentimos una especie de asco por la "verdadera vida" por eso no podemos aguantar que nos la recuerden. Hemos llegado a considerarla casi, casi, como un trabajo, y hemos convenido, en nuestro interior que son mucho mejores los libros. ¿ Y por qué de vez en cuando nos ponemos nerviosos, hacemos extravagancias? ¿Qué pedimos en realidad? (...)
Permitidme señores, no intento justificarme diciendo "Todos", pero yo, en realidad no he hecho otra cosa en mi vida que llevar hasta las últimas consecuencias lo que vosotros no os atrevéis a llevar hasta la mitad, estimando, además , razonable vuestra cobardía, y con el consuelo de que os engañáis a vosotros mismos. Así que resulta que yo estoy más vivo que vosotros. (...)
Nos pesa incluso ser hombres, hombres dotados de un verdadero, de un cuerpo propio y una sangre propia, nos avergonzamos de esto y lo consideramos una ignominia, esperamos convertirnos en no se que inauditos seres abstractos. Hemos nacido muertos, señores, y por otro lado hace mucho ya, que no nacemos padres vivos, y esto nos conviene cada vez más, dentro de poco inventarán la forma de nacer de la idea, pero basta, no quiero escribir más del subsuelo.
"Memorias del subsuelo" -F. Dostoievski-
- Se refugiará constantemente en el regazo de Lucrecia y en la sabiduría que se esconde tras toda alma de niño mientras abraza las tapas gastadas de un libro que cree la hará renacer.
"Proyectas luz, Lau, mas te valdría aprender a mirarte en un espejo de vez en cuando."
"Y Si bien no aspiras vivir, y crees encontrar una respuesta en la muerte, estás mas viva que todos ellos, que se niegan a ver la luz por miedo a que les acabe cegando"-
"La historia de Laura y Gabriel"
Fragmento:
¿Qué es mejor? ¿Una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado? Venga,¿qué es mejor? (...)
Porque todos nosotros, más o menos hemos perdido la costumbre de la vida, hasta tal punto que a veces sentimos una especie de asco por la "verdadera vida" por eso no podemos aguantar que nos la recuerden. Hemos llegado a considerarla casi, casi, como un trabajo, y hemos convenido, en nuestro interior que son mucho mejores los libros. ¿ Y por qué de vez en cuando nos ponemos nerviosos, hacemos extravagancias? ¿Qué pedimos en realidad? (...)
Permitidme señores, no intento justificarme diciendo "Todos", pero yo, en realidad no he hecho otra cosa en mi vida que llevar hasta las últimas consecuencias lo que vosotros no os atrevéis a llevar hasta la mitad, estimando, además , razonable vuestra cobardía, y con el consuelo de que os engañáis a vosotros mismos. Así que resulta que yo estoy más vivo que vosotros. (...)
Nos pesa incluso ser hombres, hombres dotados de un verdadero, de un cuerpo propio y una sangre propia, nos avergonzamos de esto y lo consideramos una ignominia, esperamos convertirnos en no se que inauditos seres abstractos. Hemos nacido muertos, señores, y por otro lado hace mucho ya, que no nacemos padres vivos, y esto nos conviene cada vez más, dentro de poco inventarán la forma de nacer de la idea, pero basta, no quiero escribir más del subsuelo.
"Memorias del subsuelo" -F. Dostoievski-
jueves, 16 de diciembre de 2010
Desorden.

Son esos los desórdenes que no afectan. Que conmueven por la misma ingenuidad de las camisas descolgadas y puños descosidos, enmudece hasta el silencio congelando esas imágenes luminiscentes que perpetúan en la cabeza del metódico desagradecido.
Alma que se nutre del desorden que la aprecia, fluye y desestructura escalones de altas escalinatas induciéndolas al revés.
Alma que vuela abatida en las esquinas lúcidas de objetos y desinterés, levantando adoquines para encontrar el cambio de tercio que la reubique como si se tratase de un puzzle recién abierto esparcido en zócalos malavenidos. Desorden en el marco y encrucijada en las piezas perdidas de tanto desencajar.
Vuelta al principio y nueva parte que se queda escondida tras la alfombra, de debajo del sofá, de debajo del techo, de debajo del cielo, de debajo del mundo, del debajo de debajo del qué. Parte perdida e insustituible del todo sustancial compuesto por sustancias entendidas como agua y arena, mientras se ensamblan las restantes con acero del vecino que se embriaga con el vino de puertas cerradas y se niega a compartir el prodigioso fragmento que a éste le falta.
Caos de ratonera escéptica en los muebles de esos, nuestros semejantes y una copia, que se refleja, se refleja como Apolo y como Apolo se pierde en la brújula de los que buscan una senda en el delirio.
martes, 23 de noviembre de 2010
Buenos días.
Me inclino como la señorita que soy ante la taza del water y a punto estoy de sentir que no eres sino tú ante quien me estoy inclinando, acto seguido a punto estoy de pensar que no eres sino tú, encima de quien estoy vomitando.
Buenos días cielo. Me alegra verte otra vez aquí, tan lejos de nuestro lugar común.
Tan lejos de mis sueños, de mis temblores, de mi sofá, de tus huidas, y mi jugar al pilla-pilla- pies para qué os quiero- tras tu cara de luna llena.
¡Qué extraño se me hace verte en el fondo de mi water! Y mientras tomas mi mano, yo me pierdo en tu abrazo y tu me pierdes en tu memoria. Gracias por dejar que me ahoge en ese trocito de tu cerebro inundado con la cerveza del aleph de tus borracheras.
Buenos días cielo. Soy ese recuerdo del que nada quieres saber, soy la boca que te besaría hasta en el fondo de mi fosa séptica y jamás se atrevería a tirar de la cadena por miedo a lo que pudo ser hundirme contigo en el fango. Por miedo a perdeme esas noches de rutina y sexo mediocre en las que me imagino fingiendo orgasmos como nunca los supe finjir.
Mi ego se desfigura constante, cadencioso, cuando sonrío cada mañana y me estampo contra tu realidad, entonces empiezo por la extravancia, acabo por lo vulgar, me pido disculpas en tu nombre y me invento excusas para darte los buenos días y cubrirme con mi máscara de la suerte que se resquebraja con el eco de tu ausencia y mis desvaríos porque evidentemente tu ausencia no existe más allá de todas las veces que te he perdido entre arcada y arcada por aquello de la igualdad de condiciones, por esa manía tan tonta de buscarte hasta en el water, para que olvides mis palabras, te piense como se piensan los imposibles y dentro de lo posible evite buscarte a tí tras la bruma de tus ojos, tras la niebla que se amotina en el octubre de mis buenos días.
Buenos días cielo. Me alegra verte otra vez aquí, tan lejos de nuestro lugar común.
Tan lejos de mis sueños, de mis temblores, de mi sofá, de tus huidas, y mi jugar al pilla-pilla- pies para qué os quiero- tras tu cara de luna llena.
¡Qué extraño se me hace verte en el fondo de mi water! Y mientras tomas mi mano, yo me pierdo en tu abrazo y tu me pierdes en tu memoria. Gracias por dejar que me ahoge en ese trocito de tu cerebro inundado con la cerveza del aleph de tus borracheras.
Buenos días cielo. Soy ese recuerdo del que nada quieres saber, soy la boca que te besaría hasta en el fondo de mi fosa séptica y jamás se atrevería a tirar de la cadena por miedo a lo que pudo ser hundirme contigo en el fango. Por miedo a perdeme esas noches de rutina y sexo mediocre en las que me imagino fingiendo orgasmos como nunca los supe finjir.
Mi ego se desfigura constante, cadencioso, cuando sonrío cada mañana y me estampo contra tu realidad, entonces empiezo por la extravancia, acabo por lo vulgar, me pido disculpas en tu nombre y me invento excusas para darte los buenos días y cubrirme con mi máscara de la suerte que se resquebraja con el eco de tu ausencia y mis desvaríos porque evidentemente tu ausencia no existe más allá de todas las veces que te he perdido entre arcada y arcada por aquello de la igualdad de condiciones, por esa manía tan tonta de buscarte hasta en el water, para que olvides mis palabras, te piense como se piensan los imposibles y dentro de lo posible evite buscarte a tí tras la bruma de tus ojos, tras la niebla que se amotina en el octubre de mis buenos días.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Descartandome.
Pienso,
luego existo.
Pienso erróneamente,
luego existo erróneamente.
Piensa mal y acertarás.
¿Cuál es el límite del conocimiento?
luego existo.
Pienso erróneamente,
luego existo erróneamente.
Piensa mal y acertarás.
¿Cuál es el límite del conocimiento?
sábado, 16 de octubre de 2010
Ottoñal
Abres los ojos.
Máxima nºIII: "Para que nazca un hombre hay que destruir un mundo"*
Puede que me acueste con el Punky de primero.
O puede que te reconstruya hasta convertite en ceniza, te envuelva en papeles de fumar y te regale a cualquier mendigo de la calle que esté más necesitado de humo que yo.
Es posible que te cuente que anoche me besaron los lábios de alguien fisico-intelectualmente más atractivo que tú mientras me volvía de piedra recordando tu cara de media luna que nunca sabe a dónde va a mirar, si a las vemtanas de mis cárceles encubiertas o la bruma que se escapa entre tu boca de promesas por cumplir.
Eres el reflejo en el espejo empañado por la ducha de los algodones entre los que te escondes para que pueda dibujarte en mi libreta de la mala suerte y te recuerde a media luz como cada quien no sabe verte.
Mirada perdida y encontrarme de soslayo en el brillo de tus ojos. Ese pedazo del día a día del que se olvida mi consciente y te deja aparecer en el bucle retroactivo de todas las medianoches empeñadas en embalsamarte bajo yugo de mis estrellas.
Eres la mitad de lo que sueño y la mitad de lo que olvido, siempre letra pequeña, notas al pié, asterisco por bandera.
A todos nos han incrustado en la cabeza aquello de ser mejor de lo que se es, mejor incluso que uno mismo.
Te regalaré una cuerda o un balcón para que puedas colgarte y ya nada importe, ahorcado desde la soga de mi portal desatarás los grilletes con los que nunca me encanaste y entonces serás lo que sea, lo que quieras ser, con la seguridad de que no será ahora, ni aquí, ni conmigo.
1* Herman Hesse
Máxima nºIII: "Para que nazca un hombre hay que destruir un mundo"*
Puede que me acueste con el Punky de primero.
O puede que te reconstruya hasta convertite en ceniza, te envuelva en papeles de fumar y te regale a cualquier mendigo de la calle que esté más necesitado de humo que yo.
Es posible que te cuente que anoche me besaron los lábios de alguien fisico-intelectualmente más atractivo que tú mientras me volvía de piedra recordando tu cara de media luna que nunca sabe a dónde va a mirar, si a las vemtanas de mis cárceles encubiertas o la bruma que se escapa entre tu boca de promesas por cumplir.
Eres el reflejo en el espejo empañado por la ducha de los algodones entre los que te escondes para que pueda dibujarte en mi libreta de la mala suerte y te recuerde a media luz como cada quien no sabe verte.
Mirada perdida y encontrarme de soslayo en el brillo de tus ojos. Ese pedazo del día a día del que se olvida mi consciente y te deja aparecer en el bucle retroactivo de todas las medianoches empeñadas en embalsamarte bajo yugo de mis estrellas.
Eres la mitad de lo que sueño y la mitad de lo que olvido, siempre letra pequeña, notas al pié, asterisco por bandera.
A todos nos han incrustado en la cabeza aquello de ser mejor de lo que se es, mejor incluso que uno mismo.
Te regalaré una cuerda o un balcón para que puedas colgarte y ya nada importe, ahorcado desde la soga de mi portal desatarás los grilletes con los que nunca me encanaste y entonces serás lo que sea, lo que quieras ser, con la seguridad de que no será ahora, ni aquí, ni conmigo.
1* Herman Hesse
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