martes, 3 de mayo de 2011

A mi Ipod

Justo ahora que ya no estoy perdida,aun parece ser que sigo jugando a perder todo lo que me importa.
Y este es un oficio en el que empecé a ejercitarme desde hace un tiempo ya.
Debe ser parte de una esencia o algo así. Tampoco es relevante el tamaño del sujeto, el tiempo transcurrido desde nuestro primer encuentro o la carga emocional del mismo.
Da igual. Es fugaz y finito, así que yo juego a hacerlo desparecer antes de tiempo, como si un detalle ínfimo pudiese retenerle durante poco más a mi lado. Y por supuesto está la dependencia, quedándonos entonces en el hilo de la levedad.
La primera vez que te vi todavía creía en los imposibles. Me brillaban los ojos del mismo brillo tuyo, de ese sin pulir de las cosas nuevas. Así que decidí colgarte de mí como correa y yo su perro, que te seguía a todas partes por el miedo de perderte, o a saber en qué cajón te habían escondido.
Desde entonces yo, te llevaba de viaje allá donde fuese, daba el igual si era Europa o el super de la esquina. En las tardes de estudio o cualquier parque en un paseo. Mis mañanas eran otras cuando llevaba mi correa.
¡ Las veces que te he bañado en las lágrimas de mis Febreros y las risas de mis otoños!
Las veces que te sonreía mientras tarareaba esa canción que casi parecía habías elegido para mi en ese presente que bajaba de la facultad.
Gracias corazón.
Has sido lo más leal que se ha cruzado en mi vida.

lunes, 21 de marzo de 2011

Papá quiero un trapecio,
uno grande, en el que poder pudrirme esperándote.
papá, que sea eterno,
y que nunca deje su leve huella,
que nunca se aleje de mí, que no me olvide.
Quiero un trapecio,
en el que vomitar todas las papillas que no me has dado,
uno que esté colgado en las estrellas,
y sea blanco.
Papá yo quiero que mi trapecio exista,
para que no sólo pueda columpiarme en mis fantasías.
Papá, uno cómodo, como debería ser tu hombro,
en el que tantas veces me perdí,
que pueda dormir en él,
que pueda soñar con un trapecio bonito sobre su lomo desdeñable.
Vuelve de entre mis sombras, quiero verte la cara….

domingo, 13 de marzo de 2011

Amnesia


Y qué vas a hacer tú cuando te parece betadine, todo rojo y mugriento lo de los lápices de colores en el corazón, cuando ver como se te llevan los brazos de Morféo supone más un alivio que un desencuentro.
Es entonces que la mercromina te anhega el cerebro hasta convertirlo en un soporífero desinfectante de recuerdos que pertenecen a otro tú, a un pasado que no está,y bien sabes que estuvo, pero ahora que se ha ido para siempre, y nada tiene que ver con esa estatua de perfecto y cincelado bronce en la que te has empeñado en transformarte, miras con anelo aquel pantano de aguas putrefactas, que el drenaje ha tornado desierto insoportable del que no queda ya ni el olor a salitre mecido por el viento.
Sin saber a qué aferrarte, sin luchas por las que matar, te has reducido al gris ceniza de las ascuas apagadas y todos los esos libros tan patafíscos que no te viene en gana leer.
El presente se te impone con su arrojo abrumador de niños con cáncer, de guerras de guerrillas y tiroteos euforicos. Y dá lo mismo, porque esa no es tu batalla.
Tu batalla era el eterno entonces que despareció entre la tierra sucia del desbroze una mañana de marzo, y ahora que no está, que has mutado en ese nadie, el presente es solo un segundo de aburrimiento que se eterniza hasta convertirse en amnesia renegada que corre escaqueándose hudiza hasta el segundo siguiente.
Cuando la imeditez se ha reducido a la necesidad de una lucha que no existe no hay moral en lo carente de ayer, ni senderos para los pasos que están por llegar.
Y es que hasta el más heróico de los Aquiles necesita un pasado que le haga de brújula y así tener algo que mirar al espejo por las mañanas.

jueves, 17 de febrero de 2011

Manual para despertarte.

Tú, alma que puebla aquel mundo finito que percibe mi consciencia lasciva y recalcitrante.
Tú, Febrero de otoño, arcoiris opaco, que más que vivir malvive, más que genética, geriatrico.
Geriátrico por el olvido, memoria del devenir,
de obviar la insulsa esencia que atrás van dejando tus pasos desnudos en las hojas del mediodía.
Insulsa por la atracción de contrarios y los desconchados de la pared.
Manchado queda el mundo con tu rutina desafiante, con tu aburrimiento perfumado.
Sucia la risa, embarrado el cimiento, desintoxicado de alcohol, de palabras, de celos, de ira, de nada.
¿Qué clase de paz anelas que ni en el exilio puedo alcancarte?
¿ En que clase de irrelevancia, de ignorancia se refugia aquello que estás buscando?
Siempre te quedará lo demás,
lo demás,
lo de menos.
¿Qué harás?
¿Qué harás, entonces cuando la mancha se extienda hacia el ártico, sea tu cerebro un borrón y ella todo tizne, sacralizado y sacrílego?
-manifiestamente presente, manifiestamente manchada-
¡Aprende necio! que así es como se entierra a los muertos,
bien abajo, bien al fondo, que la misma pereza de grava y musgo juegue con la idea para no desenterrarlos jamás.
Que sea el mismo necio, cadaver ya,
quien se remueva en la tumba hasta la fortaleza de la superficie.
Así calando el rocío, el frío en los huesos y el miedo en las entrañas,
Para sentirse, irremediablemente, inevitablemente, irreductiblemente solo.
Así es como se entierra un muerto.

miércoles, 19 de enero de 2011

miércoles, 22 de diciembre de 2010

El subsuelo

Del baúl de la emoción contenida:
- Se refugiará constantemente en el regazo de Lucrecia y en la sabiduría que se esconde tras toda alma de niño mientras abraza las tapas gastadas de un libro que cree la hará renacer.
"Proyectas luz, Lau, mas te valdría aprender a mirarte en un espejo de vez en cuando."
"Y Si bien no aspiras vivir, y crees encontrar una respuesta en la muerte, estás mas viva que todos ellos, que se niegan a ver la luz por miedo a que les acabe cegando"-

"La historia de Laura y Gabriel"

Fragmento:
¿Qué es mejor? ¿Una felicidad vulgar o un sufrimiento elevado? Venga,¿qué es mejor? (...)
Porque todos nosotros, más o menos hemos perdido la costumbre de la vida, hasta tal punto que a veces sentimos una especie de asco por la "verdadera vida" por eso no podemos aguantar que nos la recuerden. Hemos llegado a considerarla casi, casi, como un trabajo, y hemos convenido, en nuestro interior que son mucho mejores los libros. ¿ Y por qué de vez en cuando nos ponemos nerviosos, hacemos extravagancias? ¿Qué pedimos en realidad? (...)
Permitidme señores, no intento justificarme diciendo "Todos", pero yo, en realidad no he hecho otra cosa en mi vida que llevar hasta las últimas consecuencias lo que vosotros no os atrevéis a llevar hasta la mitad, estimando, además , razonable vuestra cobardía, y con el consuelo de que os engañáis a vosotros mismos. Así que resulta que yo estoy más vivo que vosotros. (...)
Nos pesa incluso ser hombres, hombres dotados de un verdadero, de un cuerpo propio y una sangre propia, nos avergonzamos de esto y lo consideramos una ignominia, esperamos convertirnos en no se que inauditos seres abstractos. Hemos nacido muertos, señores, y por otro lado hace mucho ya, que no nacemos padres vivos, y esto nos conviene cada vez más, dentro de poco inventarán la forma de nacer de la idea, pero basta, no quiero escribir más del subsuelo.

"Memorias del subsuelo" -F. Dostoievski-

jueves, 16 de diciembre de 2010

Desorden.


Son esos los desórdenes que no afectan. Que conmueven por la misma ingenuidad de las camisas descolgadas y puños descosidos, enmudece hasta el silencio congelando esas imágenes luminiscentes que perpetúan en la cabeza del metódico desagradecido.

Alma que se nutre del desorden que la aprecia, fluye y desestructura escalones de altas escalinatas induciéndolas al revés.
Alma que vuela abatida en las esquinas lúcidas de objetos y desinterés, levantando adoquines para encontrar el cambio de tercio que la reubique como si se tratase de un puzzle recién abierto esparcido en zócalos malavenidos. Desorden en el marco y encrucijada en las piezas perdidas de tanto desencajar.

Vuelta al principio y nueva parte que se queda escondida tras la alfombra, de debajo del sofá, de debajo del techo, de debajo del cielo, de debajo del mundo, del debajo de debajo del qué. Parte perdida e insustituible del todo sustancial compuesto por sustancias entendidas como agua y arena, mientras se ensamblan las restantes con acero del vecino que se embriaga con el vino de puertas cerradas y se niega a compartir el prodigioso fragmento que a éste le falta.

Caos de ratonera escéptica en los muebles de esos, nuestros semejantes y una copia, que se refleja, se refleja como Apolo y como Apolo se pierde en la brújula de los que buscan una senda en el delirio.