jueves, 24 de enero de 2013

Feliz Cumpleaños.


No se me ocurre pensar en nada más leve que tu recuerdo.
En nada más efímero que esa sinfonía 
 marcada por el ritmo de mis noches contigo.
 Nada  hay más cruel que la luz del alba filtrándose por la ventana 
 enmarcando tu cuerpo con el candor de las promesas cumplidas.

Y en ese mestizaje de sinsabores
 sazonados  con el brillo de tus ojos, 
mi levedad se rompe.
 Y es en esa pincelada de soles y lunares  que forja tu espalda
donde me desquito con el despegue de tu manos,
armas cargadas de horizontes y fronteras.

En la angustia del trascender  a la nostalgia y a los mitos
me anclo a tu olor allí donde debiera despegar mi barco.
Que lejanos, quedan entonces, otros continentes y otros cuerpos
y sin embargo acabo dejando atrás a las gaviotas.

Será por eso que desde que te conocí
-Desde que nos conocimos-
No he vuelto a ir a ningún sitio
Aunque afirmo con certeza, que aprendí,
-Que aprendimos-
a volar.

sábado, 1 de diciembre de 2012

"Lo siento, corazón. He de hacerlo.
Tengo que lavar los trapos sucios antes de darme una ducha en tu boca"

Saco la pistola de mi bolsillo y disparo a quemarropa, mientras  me consumen a la par la sed de venganza y las ansias del perdón, saberme el dios de mi mundo desajustado con seis balas en la punta de una  lengua de acero.
Reberbena en mis oidos la primera bala, directa al pecho de aquel enemigo que alguna vez se atrevió a juzgarme, tanchandome de poco despiadada, de cobarde, se me acusó de vulnerabilidad y necesidad, pero ahora...
...Tendrá que tragarse sus mentiras y escupir la bilis que un día corrió por mis venas envueltas en humo y en miedo.
Doy en el blanco. Y camino sin prisa y sin pausa al siguiente acusado, guardo el cloformo pensando que ninguno de ellos necesita dormir, es más, me aventuraría a decir que es de extrema necesidad el encontrarse bien despierto, ajustar la reflexión a la paciencia, sintiendonos ambos en sincronía con los sonidos de alrederor.
Todas mis víctimas tuvieron la extravagancia, la prepotencia de  jactarse como  verdugos de un dios en el nadie, nunca, creyó. Así, cuento hasta seis, incluso siete, y uno tras otro van cayendo, y yo los siento pequeños en medio del regero de sangre que dejan sus cuerpos tras de sí. Un amasijo de almas poco equilibradas, marcadas con al atanería propia de quien se siente especial. Mis botas dejan huellas de tierra en su espalda y sonrío con la certeza de un trabajo bien hecho. Limpio la pistola y dejo que el tiempo se ocupe de mis cuerpos sin vida y sin amor, muertos en mi letanía de huidas y aburrimiento.

Me vuelvo a la cama contigo y dejo que me desarmes con prisas. En mi desvelo me desnudo con tus manos sobre mi piel, y me convierto, casi enferma de locura en una niña que gime mientras muerde la almohada resistiendo tu embestida, ahogando un grito de placer respondo con los ojos a tu mirada desafiante, Y sin embargo acepto el desafío que significa abrir la puerta, y dejarte marchar y para que cuando quieras entres por la ventana y me hagas gemir una vez más rompiendo mis inseguridades con un abrazo. Salgamos al mundo en una excursión eterna de incertudumbre, de idas y venidas prendida de tu mano férrea, embaucada por tus ojos delirantes.
Saco las uñas y no quiero escribir nada que tenga que ver contigo, hablo de muertes y de vengazas,  de un odio indescriptible por ese millón de víctimas que  me dulcificaron y no supieron mirar más allá de la sonrisa eterna y congelada en mi rostro de mentira.
 Eso no soy yo.
 Tengo que ser algo más que edulcorante caduco, y si lo sé es porque cuando me desnudo ante tí soy tan fuerte como vulnerable,  aprendiendo a ignorar  el miedo que me consume cada noche si no me siento anclada a tu pecho.

martes, 27 de noviembre de 2012

Y sonrío.
Sí, como una puta revolución, gritando palabras guerreras de tu boca en tanto que construyo mi propio mayo del 68.
Porque esta no es  la primera, ni  será la última de las noches que paso en vela vomitando palabras mientras me dejo envolver en el olor de tu piel y en ese no-recuerdo comienza el fin del tránsito del ciclo que me condujo hasta tí.
Y sí, lucharé en nuestra guerra mientras me arda en los lábios la miel de mi revolución.

viernes, 9 de noviembre de 2012

La lune




On n'espère pas, on oublie

Que la lune reflétait par terre

Comme une étoile de mer.

Et je marche dans les rues

Sans savoir, sans savoir vraiment

Ni comment, ni pourquoi,

J'en suis arrivé là.

Et la lune, refléctait par terre,

oui, comme une,

comme une étoile de mer.



sábado, 20 de octubre de 2012

¡Salta!

La noche en que mis dedos se convirtieron en el cancerbero de tus recuerdos escritos entre las tapas de una carpeta maleducadamente amarilla, supe, que sin venir mucho a cuento, empezabas a formar parte de mí y yo, comencé a pensarme arrojándome al mundo contigo.
Me dejé embaucar por la curiosidad, e ilusa, te desnudé despacio  imponiéndole a mis ojos la condición de inexpertos para no atreverme si quiera a diseccionar, a manchar aquellas metáforas que forjaron el nexo entre  tú y tu mundo de carpetas amarillas.

Según leía y diferenciaba llegó, en el segundo exacto, la responsabilidad.
La certitud de conocer sentimientos,  de leer entre líneas, y de jugar a  adivinar aquello que tus ojos ocultan me hizo responsable del arma de doble filo que descansaba en mis manos. Tu transparencia  y tu  impaciencia, imagino que entonces desentendida, se impregnaba en cada gota de tinta en el papel. Pude oler tus miedos  mientras escribías sobre el peso de lo efímero del instante, y ver como pretendías agarrar la realidad mientras se te escapaba el amor como granos de arena entre los dedos. Y no quise ser partícipe de esa búsqueda tan loca entre los parques y los te quieros tras las esquinas.

Conmocionada, tu búsqueda se hizo mía, y la Ira se me coló con la piel de gallina que anidaba en mi espalda. El baile de nombres entre tus textos oprimía mi garganta hasta hacerla enloquecer, hasta sentirme una más de tus muñecas descosidas en la ambigüedad de tu esencia frente a tu existencia  de dicotomías, escondidas bajo los anhelos de ese pecho, con el que voy soñando un poco más a cada noche que pasa.
Desear que la ausencia me haga especial, comportarme como una cobarde, esconderme  bajo la cama y huir hasta perderme en el laberinto de tu buena memoria queriendo que nunca escribas para mí,  y para que mi nombre no se mencione en el contigo de tu ayer quiero transformarme  en  tu secreto más cobarde, tu bandera,  tu cuerda floja, y  tu realidad en  la eternidad del presente, construyéndolo cada día como el último, como el único, un pasaporte  a sublimación del hoy,  despacio, con la perenne seguridad de lo inmediato a cada nuevo instante.
Enfadada por que mi literatura se desgasta mientras escribo dejando a  un lado la seguridad de hablar en abstracto,  me desnudo en primera persona  y  tratando, como tú, de retener el momento en el que vivimos, a pesar del aburrimiento y de las rutinas con las que me quiero emborrachar a tu lado.

Pero te veo crecer entre letras, me aferro a mi armadura despegada, y me quito la coraza para armarme de prudencia.  Sin pensar en la segunda parte con la que colorearás el tapiz deshilachado que intuyes en mi vida.  Y prometo que algún día dejaré de ocultarme tras las letras de una carta perdida entre tus folios para mirarte a los ojos y pensar en lo que siento. Dejaré de ir de vuelta y media por la vida tratando de desconcertarte mientras reprimo un abrazo en la cama.
Imitaré tus trasparencia, infundiéndome valor  para aniquilar a esa  niña asustada que finge ser madura para su edad, y me dejaré ser,  para existir, si me dejas, contigo.

sábado, 6 de octubre de 2012

domingo, 30 de septiembre de 2012

La osadía del miedo


He tenido el infierno a mi lado
y su suspiro de hielos aún gotea en la bañera.
La he ido llenando de sal para que todos creyeran
que era de lágrimas.
Y he dejado reposar la mentira como si fuese un naufragio,
como un dolor que al menos yo podría controlar.
No es casual que el triste de una mirada
reluzca como el olvido
y es absurdo intentar justificar el deseo
en recaídas.
Todos, siempre, tenemos más miedo de los daños
que ilusión por la vida.
Y lo entiendo.
Pero he limpiado la ceniza
y he abierto las ventanas y cerrado el sumidero
y he comprado bombillas, libros, hachís
y cerveza.
Y he añadido nuevas canciones al playlist.
Verme a mí mismo sonreír
como una puta revolución, pero por dentro,
y a mi lado el deseo y su ramo de dudas entre los gusanos
por si los muertos no asustan.
no sé si me entiendes, pero yo sí.
A veces me cuesta tanto explicarme.
Y ahora parecemos incómodos en nuestras canoas,
como si se nos mojaran los pies
o no quisiéramos seguir remando.
Como si quisiéramos estirar un poco las piernas.
He tenido que separar sentimientos, diferenciarlos,
darles una estructura, concederles el derecho a réplica
y dictar una sentencia con fórmula de pregunta,
de callejón sin salida,
de gol sin red.
Es decir: he tenido que enhebrar el desorden
en que sobrevivo
juzgando a cada miedo por su osadía.
Y sonrío, al fin
sonrío.
Tranquilo como un charco que ya nadie pisa
y todos bordean.
Pero hirviendo por dentro, como si pudiera evaporarme
con solo escribirlo.
Me voy a desnudar y a meterme en la cama.
La puerta está cerrada, pero dejo la ventana abierta.
Solo tú podrías entrar.
Hay cerveza en la nevera, hachís encima de la mesilla
y poesías por todas partes.
Tespero soñando.
No me despiertes si no es para follarme.
Un beso.
O mejor varios.