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lunes, 15 de febrero de 2010

Las palabras que no pudieron modificar el futuro.

Algo real.
Y no hablo de esos destellos blaquiazules presentes en cada abrazo.
Tampoco de los cuentos de media noche o de los besos en la espalda.
Sin alcanzar a vislumbrar ni una parte de aquello que se define como algo real por sí mismo alcanzo a comprender que no se trata de esos oasis de cuatro días al mes en los que me desnudas despacito, y me susurras al oido que todas las rosas acaban por marchitarse.
Oasis que se desea eterno para obviar la certudumbre de lo definido como real por sí mismo y que por ende se define como Madrid.
Tu Madrid. y Ahora mi Madrid.
El de las tardes de paseo y las conversaciones infinitas que me enseñaste con tu sonrisa de espejo.
No basta con desearlo tambien tiene que ser verdad.
Y un poco aburrido. Mediocre.
La mediocridad genera depencencia,conformismo y constancia.
Porque querer para siempre acaba siendo una estupidez irrelevante, una emoción que no trasciende y que no supone más que un lastre para la realización propia.
Y ahora que por fin hemos empezado a brillar no sería justo que descartásemos los cristales teñidos de azul oscuro por aquello de no deslumbrarnos, de no reflejarnos el uno en el otro.
Y no hay nada más real que esto.
Amarte es una ilusión,una noche de reyes sin el juguete deseado,
Hilo de perséfone que se teje y desteje al antojo de las circunstancias.
Momentos en los que no se ha dado pié a un nosotros en este universo de cíclica armonía caótica y que no ha tenido a bien forjar ni siquiera un espacio para cierta culpabilidad en la que poder regodearse.
Solo dudas entre sábanas de raso y marionetas de circo.
Porque no nos han dejado ser nosotros, hemos tenido que ser tu y yo para poder brillar.
solo Tu y Yo.